Explicación·cuatro minutos
Antes de enviar tu primera tarjeta ayuda saber exactamente qué llega: qué dice el mensaje, qué tocan, si algo les pide registrarse y qué pueden guardar después. Nada de esto necesita una aplicación.
Reciben un enlace. Lo tocan. La tarjeta se abre en el navegador que ya usan, las fotos salen de ella y hay un botón para descargarlas. Esa es toda la experiencia.
Sin aplicación, sin cuenta, sin prueba gratuita, sin recolección de correos. Si la persona a la que se la envías ha abierto alguna vez un enlace tuyo, puede abrir esta. Las únicas excepciones las eliges tú: un PIN, o una comprobación de que es la persona a la que se la dirigiste.
Sin importar cómo la enviaste — mensaje de texto, WhatsApp, correo electrónico, Messenger — aparece como un mensaje normal tuyo, no nuestro. La vista previa muestra la portada de la tarjeta y tu nombre, así que no da motivos para sospechar.
Si elegiste correo electrónico, el asunto dice de quién viene y que hay una tarjeta esperando. Vale la pena enviarte una a ti mismo primero si quieres ver cómo queda.
¿Se la envías a alguien desconfiado de los enlaces? Escríbele antes para avisarle que viene una tarjeta. Eso elimina la única fricción real de todo el proceso.
La portada aparece cerrada, como una tarjeta apoyada sobre una mesa. Un toque y se abre: tu saludo, tu mensaje, tu firma, en las tipografías que elegiste. Si grabaste un mensaje de voz hay un botón de reproducción, y suele ser lo primero que pulsan.
Las tarjetas creadas con un Paquete de Tarjetas llegan dentro de un sobre digital sellado, con su nombre al frente: ese se abre primero y la tarjeta está detrás.
Funciona en un teléfono, una tableta, una laptop, un iPad viejo guardado en un cajón. No hay nada que instalar ni nada que actualizar.
Este es el momento para el que está construido todo. Las fotos salen de la tarjeta y se despliegan en pantalla — no como una presentación que hay que esperar, sino como un conjunto que pueden mirar en cualquier orden, tocar para ampliar y volver a ver.
Al abrir cualquier foto en pantalla completa, un botón de Descargar la guarda en el tamaño que subiste. El archivo que baja es el que enviaste, no una copia del tamaño de la pantalla, así que una foto puede ir directa a una imprenta o a un marco. La mayoría de los servicios entregan en silencio la versión de pantalla — por qué eso importa (en inglés).
Cómo se ve la tarjeta ya abierta, en un teléfono.
Dos maneras, y pueden hacer las dos. Descargar las fotos como archivos en su propio dispositivo. O guardar la tarjeta entera — portada, mensaje, nota de voz, fotos — como un solo archivo que se abre después sin internet y sin cuenta. Una tarjeta que sobrevive al enlace.
Esa segunda es la parte que la gente no espera. Un enlace acaba muriendo; un archivo en un disco duro no. Más sobre guardar una tarjeta para siempre (en inglés). Si prefieres que solo la miren, marcar la tarjeta como solo lectura quita ese botón.
Puedes editar la tarjeta en cualquier momento antes de que la abran, y el mismo enlace muestra el cambio. Una vez abierta queda bloqueada, y cualquier copia que hayan guardado se queda como estaba.
Una tarjeta de verdad llega en un sobre de papel: el diseño al frente, tu mensaje impreso dentro, en un tamaño que se sostiene sobre una repisa. Las fotos no van impresas en ella — en el reverso hay un código QR.
Apuntar la cámara del teléfono al código abre la tarjeta digital, con todas las fotos. Así el papel es el objeto que se queda a la vista, y el código es la manera de descargar las imágenes. Cómo funcionan las tarjetas impresas (en inglés).
No hay muro de registro delante de la tarjeta: el enlace la abre. Solo una tarjeta que hayas limitado a una dirección concreta les pide iniciar sesión.
Funciona en el navegador que ya está en el dispositivo. Sin tienda de aplicaciones, sin avisos de actualización.
Recibir siempre es gratis. Lo que hayas pagado, si es que pagaste algo, cubre la tarjeta entera.
Nada les pide una dirección para abrir la tarjeta. La única que interviene es aquella a la que la enviaste, y no volvemos a escribir a ella.
Sí — tu panel muestra cuándo se abrió la tarjeta por primera vez, así que no te quedas con la duda de si el enlace llegó. Esa primera apertura es también lo que cierra la edición de la tarjeta.
El enlace funciona para cualquiera que lo tenga, así que una tarjeta enviada a un hermano puede acabar circulando por toda la familia. Trátala como algo que se comparte, no como algo privado — un Paquete de Tarjetas añade un PIN o una verificación por correo si necesitas limitarla a una sola persona.
La tarjeta en sí es ligera y carga primero; las fotos en tamaño completo se descargan solo cuando se piden. Con una conexión débil la tarjeta se abre y se lee igual.
Que toquen una foto para abrirla en pantalla completa: el botón de descarga está en esa vista. Si les vas guiando por teléfono, la guía para abuelos (en inglés) está escrita para leerse en voz alta.
Las tarjetas gratuitas duran 60 días; una tarjeta creada con un Paquete de Tarjetas dura toda la vida de tu cuenta, y pedir una copia impresa la deja fijada indefinidamente. La respuesta fiable es la copia descargada — una vez guardada, no depende de nosotros en absoluto.
Es la forma más rápida de ver todo esto desde el otro lado. Gratis, y no hace falta cuenta para empezar.
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El lado de quien envía: elegir un diseño, añadir las fotos y mandarla.
Para las ocasiones en las que las palabras no salen solas.
El archivo descargable de la tarjeta, y por qué un enlace no es lo mismo que conservar algo (en inglés).